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Dirección de Inauguración

23 de octubre de 2021

Retrocedamos unos sesenta años, hasta octubre de 1962. Hasta un fresco día de otoño, como hoy. Los árboles brillan con colores amarillos y rojos, y menos de 800 estudiantes viven, trabajan y estudian en torno a un puñado de edificios nuevos que se han levantado en un campo donde se cultivaban papas. Aunque no parezca gran cosa, este conjunto de edificios constituye nuestro primer año como campus permanente... y hay una sensación de anticipación que puede palparse en el aire, porque todo el mundo en el campus sabe que hay grandes planes para Stony Brook University. De estos campos de papas y de estos bosques fangosos de Long Island pronto surgiría una potencia educativa. 

En menos de una década, nuestra Universidad se multiplicó diez veces hasta alcanzar los 8,000 estudiantes, y de un modo ambicioso contrató al cuerpo docente y al personal que llegaría a definir esta institución y a contribuir con la sociedad en los años venideros. Es casi como si esta joven Universidad hubiera convocado a aquellos académicos y estudiantes que deseaban unirse a nosotros y crear algo importante. Aquellos que deseaban alcanzar el futuro a través de la creatividad y la colaboración. Aquellos que deseaban unirse, en el siglo siguiente, a través de la curiosidad y la ambición. 

¿Qué vieron entonces esos brillantes académicos en nuestra universidad? ¿Qué percibió en nuestro potencial el físico ganador del Premio Nobel Chen-Ning Yang, que en 1965 llegó a Stony Brook desde el Institute for Advanced Study de Princeton, cuando aceptó ser el primer director de nuestro Instituto de Física Teórica? 
Debió percibir una universidad que daba grandes pasos, abriendo nuevos caminos en áreas de la ciencia cuando nuestro país más lo necesitaba. Una universidad con ambición, que encarnaba la valentía, la tenacidad y la visión en la preparación para el futuro. 

Cuando observo hoy la Arena, veo ese mismo espíritu audaz que atrajo a Yang y a legiones de otros distinguidos profesores.

Gracias por acompañarme en la celebración del brillante y ambicioso futuro de Stony Brook University. Y gracias especialmente por la confianza que han depositado en mí para dirigir esta institución. Recibo su confianza con la mayor solemnidad. Les alegrará saber que la educación es la herencia que recibo de mi familia. A principios del siglo XX, mis bisabuelos eran docentes en una escuela con dos salones en la zona rural de Florida. Mi abuelo era profesor y director de escuela secundaria. Mis padres, Malcolm y Jackie, eran profesores universitarios. Mi marido desde hace casi 30 años, Dean, es graduado universitario de primera generación. Y nuestros hijos, Ian y Fiona, se encuentran en la búsqueda de sus caminos a través del proceso universitario. En las últimas cuatro décadas, ha habido pocos días en los que no haya pensado en el rol que desempeño en la ampliación del poder transformador de la educación superior. He dedicado toda mi vida a trabajar en esta empresa y estoy encantada y honrada de aplicar mis conocimientos, experiencia y energía a Stony Brook University.

Desde el inicio de mi mandato como presidente, me he sumergido en la historia de nuestra Universidad: el trabajo de nuestro cuerpo docente, las tradiciones de nuestros estudiantes y el espíritu de cómo se originó todo. Y lo que he aprendido es que nuestra institución... ayer, hoy y mañana... es una Universidad que sueña a lo grande, amplía el alcance de los descubrimientos y genera conocimiento en beneficio de la sociedad. Es una Universidad construida sobre los ideales de servicio, acceso y éxito de los estudiantes y ambición académica. Honro estos valores y me basaré en ellos para forjar nuestro futuro.

Al inaugurar Stony Brook University, el Estado de Nueva York respondía a un momento cultural. Esta Universidad nació de la promesa de progreso, de innovación y de esperanza: había una creciente demanda de educación superior en Nueva York, un cuerpo estudiantil cada vez más heterogéneo, una necesidad crítica de mejorar la educación para la atención médica y una exigencia de descubrimientos. 

Nuestra institución tomó forma gracias a las ambiciones y la energía de los Estados Unidos de la década de 1960. Fue la década del movimiento por los derechos civiles. Una década que marcó un aumento de la inversión federal en investigaciones y la inversión de Nueva York en las universidades públicas. Los líderes vieron que la educación superior era la respuesta a las cuestiones más urgentes de nuestro país. Y las ambiciones de Stony Brook la llevaron, en última instancia, a situarse entre las mejores universidades públicas del país.

Fue en 1962 cuando el presidente Kennedy instó a los estadounidenses a llegar a la luna y a impulsar nuestros deseos de mayor inspiración y visión... "no porque sean fáciles", dijo, "sino porque son difíciles, porque ese objetivo servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades, porque ese desafío es uno que estamos dispuestos a aceptar, uno que no estamos dispuestos a posponer..." 

Y por eso les pregunto hoy, ¿cuáles son los objetivos, en 2021, que no estamos dispuestos a posponer?

Al reunirnos esta mañana en una era pandémica, creo que estamos en los inicios de otra década trascendental. El último año ha acentuado la necesidad permanente de un cambio serio y sistémico a fin de crear igualdad racial, social y económica. Ha revelado hasta qué punto confiamos y seguiremos confiando en la investigación impulsada por la curiosidad de las universidades públicas para responder al pedido de la sociedad en tiempos de crisis. Ha demostrado que el arte y la creatividad son nuestro mejor camino hacia la conexión y el entendimiento humanos. Y ha demostrado que solamente mediante el trabajo en equipo y la colaboración multidisciplinaria resolveremos los numerosos desafíos sin parangón a los que nos enfrentamos en el próximo siglo. 

[brief pause]

Sé que podemos hacerlo. Porque ese mismo año en que Kennedy pronunció su célebre discurso y anunció oficialmente el lanzamiento del viaje a la luna que realizaría el país, las ambiciones de Stony Brook comenzaron a tomar forma en este mismo campo de papas. Y sí, había un largo camino por recorrer, pero marcó el inicio de una Universidad que estaría definida por muchos viajes a la luna, por muchos objetivos audaces, ambiciosos y urgentes que se fijaría... y alcanzaría. Lo hemos hecho antes y podemos volver a hacerlo.
Cuando aún no habían transcurrido diez años de historia de Stony Brook, el Dr. Oliver Schaeffer fundó el programa de investigación del Departamento de Ciencias de la Tierra y del Espacio en 1965. Pronto literalmente hizo volar la reputación de esta universidad más allá de la estratosfera al analizar la "roca lunar Génesis" traída por los astronautas del Apolo 15. Mediante su investigación innovadora, Schaeffer calculó que la luna tenía aproximadamente cuatro mil millones de años y, en ese momento, se convirtió en la primera persona de la historia en datar objetos celestes. Schaeffer llevó a cabo otras investigaciones importantes en su larga carrera en Stony Book, pero no puedo dejar de pensar en su datación de la "roca Génesis"... y en cómo esta fue, en realidad, la génesis de la reputación de Stony Brook en materia de investigaciones audaces.

Nuestra primera década fue nada menos que trascendental. En 1968, Jim Simons asumió la presidencia del Departamento de Matemáticas. En su labor como presidente, Jim desarrolló nuevos e importantes conceptos matemáticos, incluidas las formas de Chern-Simons: estructuras fundamentales en la teoría de cuerdas, campos y nudos, y poderosas herramientas en la búsqueda de nuevos materiales e incluso computadoras cuánticas... un área en la que esta Universidad se ha vuelto increíblemente sólida. También reclutó a otros miembros del cuerpo docente, ahora muy respetados, para que ingresaran en Stony Brook, y transformó a la universidad en un dínamo de matemáticas y física. Jim formó parte del cuerpo docente hasta que fundó Renaissance Technologies, y sigue siendo el más firme defensor de Stony Brook, y estableció, entre otras contribuciones realizadas, el Simons Center for Geometry and Physics, un tesoro internacional que lidera el renacimiento global de la fertilización cruzada entre las matemáticas y la física.

Durante ese mismo período ilustre, dimos la bienvenida a Paul Lauterbur, un joven químico físico excombatiente tenaz y con motivación. En 1971, Lauterbur hizo el descubrimiento visionario de que la tecnología de resonancia magnética nuclear podía utilizarse para la obtención de imágenes médicas no invasivas. Trabajaba durante la noche, cuando el departamento de química no utilizaba su máquina de RMN, y soportó numerosos rechazos, uno, famoso, de la revista Nature, con el fin de publicar finalmente sus hallazgos sobre la tecnología de resonancia magnética. Me resulta increíblemente simbólico que su descubrimiento original coincidiera con la apertura de la Escuela de Medicina de Stony Brook University, ya que esta se encargó de proporcionar una atención clínica superior a Long Island e impulsar la investigación que ayudaría a definir y reformular la historia de la medicina para siempre.

Desde 1979, nuestro Departamento de Arte ha contado con la presencia de Howardena Pindell, cuya obra tuve el honor de presentar esta semana de Inauguración. Es una pintora de vanguardia y artista conceptual que ha ampliado los límites de la expresión artística al incorporar materiales innovadores en su práctica y explorar las intersecciones de la raza y el género. La profesora Pindell, beneficiaria de dos becas National Endowment for the Arts Grants (Fondo Nacional para las Artes) y de una beca Guggenheim Fellowship, ha señalado que sigue aprendiendo de sus alumnos, incluso después de tantas décadas, y esta relación dinámica y recíproca entre la erudición y la enseñanza nos define desde hace tiempo como institución. 

Agradezco a la profesora Pindell, y a académicos como ella, el legado que han construido en nuestra Universidad, con lo cual se garantiza que sea una institución tanto de excelencia científica como de expresión artística. Ya en 2018, el exalumno de Stony Brook Studio Art y miembro de la tribu de la nación indígena Shinnecock, Jeremy Dennis, recibió una beca de Getty Images por su serie realmente innovadora, Stories-Indigenous Oral Stories, Dreams and Myth, que dramatiza representaciones de mitos y leyendas y crea una experiencia visual concreta a través de su fotografía artística. Estamos en una época que exige creatividad para abordar los problemas más acuciantes de nuestro mundo, así como nuevas perspectivas a medida que todos avanzamos hacia un punto de comprensión crítica. La profesora Pindell, Jeremy Dennis y la sólida tradición artística de Stony Brook University llevan adelante esa labor desafiante y motivadora.

La institución sigue reinventando y redefiniendo nuestro panorama de conocimientos. Ya en 2019, Eden Figueroa, de Stony Brook, junto con sus colaboradores del Brookhaven National Laboratory, celebró el experimento de enlace de comunicación cuántica exitoso más extenso de Estados Unidos. Y apenas esta primavera, tuve el orgullo de entregar a la química Eszter Boros el premio Discovery Prize 2021, destinado a ayudar a financiar su investigación en fase inicial sobre la activación de moléculas de medicamentos contra el cáncer mediante un interruptor de luz radioactiva, que podría transformar el campo de la atención para el cáncer. Ellos, y tantos profesores, exalumnos y estudiantes de Stony Brook, responden al llamado a través de investigaciones impulsadas por la curiosidad y conocimientos nuevos y beneficiosos.

Stony Brook ha demostrado que es el tipo de universidad que tiene la visión y la capacidad para construir un futuro mejor... y así como volvemos, una y otra vez, a reafirmar nuestro compromiso con nuestra misión, también debemos unirnos como una sola Universidad para configurar nuestras ambiciones de cara al siglo XXI. 

Stony Brook, tenemos nuevos objetivos por cumplir, obstáculos por superar e interrogantes por responder. ¿Cuál es nuestro próximo viaje a la luna? ¿Cómo preparamos a la Universidad para el próximo estudiante, el próximo integrante del cuerpo docente, el próximo desafío, los próximos sesenta años? ¿Cómo (y aquí tomo prestada una frase del discurso inaugural del presidente John Toll de 1966) permitimos que nuestros estudiantes, nuestros académicos y nuestra comunidad "aprendan a aprender más"? 

Comienza por la inversión en becas, investigaciones y colaboraciones. Comienza por capacitar a todos los estudiantes, integrantes del cuerpo docente y empleados 
para que se desempeñen en el máximo nivel. Comienza por comprender que, si allanaremos el camino hacia esta nueva era de educación superior y atención médica, debemos abordar las necesidades de nuestra comunidad y afrontar los enormes desafíos a los que se enfrenta nuestra sociedad internacional. 

Stony Brook se fundó como una universidad para la era moderna: una universidad que valoraba una educación accesible de alta calidad; una universidad que ofrecía oportunidades tanto a su comunidad local como a una población diversa; una universidad que consideraba la excelencia en la investigación y la responsabilidad colectiva como elementos mutuos de un mismo objetivo: ejercer una influencia positiva en el mundo. 

Éramos el tipo de universidad que en 1973 acogió a Rich Gelfond, el ambicioso hijo de un hogar marginado de Plainview, Long Island. Fue el primer universitario de su familia y su admisión en Stony Brook supuso la primera vez que Rich pisaba un campus universitario. Y, sin embargo, rápidamente, Rich estaba trabajando para el periódico de la institución, diseñaba su propio plan de estudios, ganaba una elección para ser el primer estudiante en el consejo de la universidad, incluso enseñaba como invitado en su propia clase de sociología del deporte. Alcanzaba todo su potencial y más, porque había encontrado una universidad que valoraba la promesa que suponían los estudiantes universitarios de primera generación. Había encontrado una universidad que deseaba capacitar a sus estudiantes para que dieran lo mejor de sí mismos. Después de la universidad, Rich se convirtió en un exitoso banquero de inversiones y adquirió IMAX en 1994, donde sigue siendo el director general en la actualidad, así como un verdadero amigo y defensor de Stony Brook. 

Seguimos siendo ese tipo de universidad, la que enseña a sus alumnos para que "aprendan a aprender más". Cuando Sabrina Thompson, de la clase de 2007, se encontraba en proceso de adaptación a su primer semestre en Stony Brook, programas como Collegiate Science and Technology Entry Program y Louis Stokes Alliance for Minority Participation le proporcionaron planificación académica y tutorías. Los programas de verano, incluidos los ofrecidos a través de nuestra colaboración con el Brookhaven National Laboratory, le permitieron desarrollar una perspectiva verdaderamente única sobre la ingeniería, las mujeres en Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) y la relación dinámica y simbiótica entre el arte y la ciencia. Ahora, Sabrina ha encontrado su vocación y es ingeniera de la NASA, futura astronauta y empresaria centrada en que las niñas tomen contacto con STEM a través del arte y la creatividad. 

Las historias de Rich y Sabrina ilustran nuestra misión. Estos son los estudiantes que tenemos el privilegio de formar. Muchos de nuestros estudiantes provienen de escuelas con escasos recursos y muchos son los primeros de sus familias en asistir a la universidad. Son jóvenes académicos talentosos, ambiciosos y de contextos diversos que desean cambiar el mundo. Seguiremos ampliando el legado que nos ofrecen... a través de iniciativas como nuestro programa Women in Science and Engineering (Mujeres en la Ciencia y la Ingeniería), que ha sido compartido a nivel mundial por ONU Mujeres como solución para generar equidad de género en STEM, brindando a los Seawolves una base sólida para convertir sus sueños en realidad, y fijando una nueva frontera de descubrimiento moldeada por perspectivas heterogéneas. 

Es mi deseo que Stony Brook University siga siendo una plataforma de lanzamiento eficaz para nuestros jóvenes estudiantes. Para ello debemos cultivar la preparación de los estudiantes, el apoyo académico y financiero y el sentido de pertenencia. Este otoño ha marcado el comienzo del primero de muchos programas nuevos dirigidos a los estudiantes de primer año, y en los próximos años ampliaremos nuestras iniciativas para el éxito estudiantil. La Diversity Professional Leadership Network (Red de Liderazgo Profesional para la Diversidad), que ofrece a los estudiantes subrepresentados oportunidades académicas y profesionales, recientemente ha recibido a su mayor cohorte hasta la fecha. El Women’s Leadership Council (Consejo de Liderazgo para la Mujer), fundado y presidido por la licenciada y doctora en Economía de Stony Brook, Marilyn Simons, es un programa de tutorías que conecta a estudiantes destacadas con exalumnos y amigos que pueden brindar apoyo a su trayectoria profesional. Siendo ella misma una estudiante universitaria de primera generación, Marilyn valora el poder de las tutorías como medio para ayudar a los estudiantes a alcanzar sus sueños. Trabajaremos para mejorar constantemente nuestras estrategias de éxito estudiantil y construir una red aún más ambiciosa y exitosa de exalumnos de Stony Brook, personas que puedan dirigir el mundo de manera responsable y superar los desafíos del siglo XXI.

El rol de nuestro excelente cuerpo docente resulta especialmente importante: esperamos que innove y amplíe los límites del pensamiento crítico, además de dar forma a la capacidad de la próxima generación para hacerlo. Programas como el Presidential Innovation and Excellence Fund (Fondo de Innovación y Excelencia Presidencial) apoyan las valiosas investigaciones de nuestro cuerpo docente. Nos centraremos en apoyar al cuerpo docente a lo largo de toda su carrera y crearemos el cargo de vicepresidente de Investigación con el objetivo de ayudar a todos los académicos con recursos, herramientas y financiación de modo que puedan dar rienda suelta a su curiosidad intelectual. 

La salud de nuestra sociedad y la salud de la Universidad dependen de un enfoque comprometido, interdisciplinario y colaborativo en cuanto a los descubrimientos. En ningún lugar ha quedado esto mejor plasmado que en nuestra empresa Stony Brook Medicine, donde el último año y medio ha puesto de manifiesto la interconexión entre la atención al paciente y la investigación al servicio de nuestra comunidad. 

La pandemia ha puesto de manifiesto nuestra dependencia de la investigación transformadora e innovadora que se lleva a cabo en universidades como la nuestra, lo cual intensifica la necesidad de metodologías multidisciplinarias para allanar el camino hacia un futuro más saludable. No podría tener más confianza en la capacidad de Stony Brook para afrontar este momento, con nuestro amplio historial de investigaciones de las causas y los tratamientos de las enfermedades más complejas. Al fin y al cabo, fue en Stony Brook University donde el Dr. Jorge Benach, profesor distinguido de microbiología, hizo el histórico descubrimiento del organismo que causa la enfermedad de Lyme. Fue en nuestra Universidad donde, en 2019, la profesora Christine DeLorenzo lideró un innovador equipo interdisciplinario de profesores de Ingeniería Biomédica y Psiquiatría para utilizar la tecnología de la Inteligencia Artificial en la lucha contra el Mal de Alzheimer. Se trata de una colaboración reconocida en el nivel nacional que tiene el potencial de detener e incluso revertir los efectos de una de las enfermedades neurológicas más dañinas y problemáticas. 

La COVID-19 ha supuesto un cambio sísmico en la forma de pensar respecto de nuestra salud, en la manera de interiorizar los conceptos de responsabilidad personal y responsabilidad colectiva, y en la forma de interactuar entre nosotros. Estoy orgullosa del modo en que Stony Brook Medicine nos ha guiado el último año y medio, innovando continuamente para ofrecer una atención de calidad a los pacientes y ampliando nuestro alcance en Long Island para prestar asistencia a nuevas comunidades. Nuestros académicos de Stony Brook han centrado su investigación en el virus: desde la forma de su proteína en espiga hasta los tratamientos eficaces; desde los ensayos clínicos de vacunas hasta un estudio longitudinal pionero sobre los efectos a largo plazo. La COVID-19 ha demostrado ser un acelerador de la investigación científica y médica... y ha mostrado ser un catalizador de nuestro sentido de comunidad. 

El poder de una universidad pública de investigación consiste en que cuenta con la capacidad y tiene el deber de beneficiar a la comunidad que la rodea, así como de fomentar descubrimientos pioneros que pueden repercutir en el mundo durante generaciones. 

Al igual que en la década de 1960, el gobierno federal ha prometido un aumento considerable de la financiación para investigaciones, con lo cual definió el viaje a la luna de la presente década, el problema más crítico de nuestra era: el cambio climático. Y entre todas las universidades y escuelas, Stony Brook cuenta con profesores, personal y estudiantes que responden a este llamado urgente.

Esther Takeuchi, profesora distinguida de SUNY y presidente del Departamento de Ciencias Interdisciplinarias de Brookhaven National Laboratory, es la mujer inventora más prolífica del país, con más de 150 patentes en Estados Unidos y una carrera de trabajo innovador e interdisciplinario en materia de energía ecológica. En 2009, recibió la National Medal of Innovation and Technology (Medalla Nacional de Innovación y Tecnología) del presidente por el desarrollo de la batería que alimenta los desfibriladores cardíacos implantables de todo el mundo, una contribución que salva vidas. La profesora Heather Lynch, primera ecologista en recibir el premio Blavatnik National Award for Young Scientists (Premio Nacional Blavatnik para Jóvenes Científicos) y una de las primeras beneficiarias de las becas Microsoft/National Geographic AI for Earth Innovation, se centra en la dinámica poblacional de los pingüinos antárticos para estudiar las repercusiones del turismo, la pesca y el cambio climático. 

Durante años, la Universidad ha sido líder nacional en brindar impulso a la innovación sostenible y la energía ecológica. Nuestro Centro de Investigación y Tecnología de Energías Avanzadas es la sede del National Offshore Wind Research Consortium y recientemente se ha asociado con empresas líderes en energías ecológicas para desarrollar la tecnología eólica marina. Y hace unas semanas, Stony Brook University presentó su oferta para ser la institución ancla del Centro de Soluciones Climáticas de Governors Island. Me resulta inspiradora la forma en que los líderes de nuestro campus, el cuerpo docente, el personal y los investigadores se han unido para elaborar una impresionante oferta para crear un laboratorio integrado en Governors Island y ser líder mundial en el desarrollo de soluciones en la lucha contra el cambio climático. Creo que representa el tipo de iniciativas audaces, ambiciosas y transformadoras que esta Universidad puede implementar, e implementará, en la próxima década. 

... Porque menciono a estas personas, eventos e historias no como incidentes aislados para demostrar todo lo que Stony Brook ha logrado, sino como evidencia de la dirección de la Universidad. 

Stony Brook se fundó para ayudar a satisfacer las necesidades del estado y de la nación en la tumultuosa e influyente década de 1960. Y ahora debemos seguir siendo un catalizador del cambio. En nuestro carácter de institución pública, estamos unidos en el objetivo común de hacer de este un mundo mejor. En el último año y medio, se han planteado muchas cuestiones apremiantes: la desigualdad racial y social, la disparidad de resultados en la atención médica y los calamitosos efectos del cambio climático mundial. Contamos con los recursos, tenemos la ambición y poseemos la voluntad de responder. 

Al igual que nuestros fundadores respondieron a su momento cultural, nosotros también lo haremos. 

Percibí el carácter y las fortalezas de esta Universidad incluso antes de llegar a Long Island. Asistí a la ceremonia de graduación virtual de la clase de 2020 en mayo, con mucha curiosidad por saber qué energía se generaría, sintiendo a la vez emoción por nuestros graduados y ansiedad por la siguiente etapa de su recorrido. Mi familia y yo asistíamos desde Austin, Texas, con nuestro nuevo equipo de los Seawolf. Incluso virtualmente, me nutrí y me inspiré con Stony Brook University. Me di cuenta de que se trataba de una comunidad cuyas esperanzas y sueños seguían muy vivos y cuyas ambiciones no se posponían. Fue el momento en que supe que nuestros esfuerzos colectivos en Stony Brook podrían escribir la historia.

El nuestro es un esfuerzo colectivo. Vamos a hacerlo juntos: todos los profesores, estudiantes y empleados. Lo haremos con la ayuda de nuestros maravillosos colaboradores de la industria, el mundo académico, las disciplinas, los países y los estados. Lo haremos con el poder de State University of New York, la orientación del director y del Consejo Administrativo de SUNY, y el apoyo de la gobernadora Kathy Hochul y de la Legislatura del Estado de Nueva York, encabezada por nuestro amigo y exalumno Carl Heastie, presidente de la Asamblea, todos los cuales creen en el poder de la educación superior para mejorar la vida de los neoyorquinos y del resto del mundo. Juntos, nosotros (el cuerpo docente, el personal y los estudiantes de Stony Brook) definiremos la próxima generación de descubrimientos. 

Ese es mi objetivo y el honor que tengo como presidente de una de las universidades públicas de investigación más innovadoras del mundo: garantizar que Stony Brook University allane el camino... brinde servicios a nuestra comunidad y aborde los desafíos mundiales a los que nos enfrentamos en el próximo siglo. 

Este es el trabajo que nos propondremos realizar, juntos, durante la próxima década. Deseo con ansias ver todo lo que podemos lograr. Ha llegado el momento, Seawolves. Respondamos a esta convocatoria de grandeza.